Cuando Unamuno, en su "Dignidad humana", sitúa el punto más alto de la misma en el cultivo de la tierra y la obtención de alimentos, obviamente la Agricultura no había llegado a los altos grados de agresividad que hoy conocemos. Plantar, cuidar, cosechar era en gran parte una alianza, un pacto entre el hombre y la naturaleza en el que ambos ponían casi lo mismo.

 

Hoy todo se fuerza, la proporcionalidad y el respeto han caído en el olvido, cuando no en un descrédito y el rechazo.

 

No se confía en el equilibrio y fuerza renovadora de la naturaleza de la vida misma. Y así hemos llegado a la desgracia de que la siempre sagrada tarea de alimentar a los hombres quede encomendada a la química no orgánica.


Comemos más, desde luego, pero no mejor. Y además en números absolutos nada claro está que el conjunto de la humanidad esté accediendo a mayores cuantías de alimentos. Pero en el caso de que las estadísticas acierten en lo cuantitativo, lo que resulta evidente es que comemos peor. La calidad, es decir, el gusto, olor, color y la capacidad nutricia de nuestros alimentos ha bajado dramáticamente.

 

Crecimientos rápidos, engordes artificiales y hormonados, ciclos estirados bajo plástico, siembra ingente y hasta permanente de venenos y, sobre todo, conservantes y colorantes nos alejan de la salud. De la salud de la Naturaleza y de la de nuestros cuerpos. Diría, es más, que alejan a la mayoría de los actuales agricultores y ganaderos de la dignidad de cuidadores de la tierra y de otros seres vivos para sumirles en la homogeneidad de productores industriales de comida. Comida siempre contaminada en alguna medida. Retornar avanzando es la propuesta de la Agricultura Biológica. Volver al viejo pacto de asistencia mutua, pero, por supuesto, sin desechar la tecnología, liberadora de las más pesadas cargas y esfuerzos.

 

Ha llegado la hora de proponer el regeneracionismo cultural del que da ejemplo la Agricultura Biológica, ese que siempre se ha resumido con la frase de que el fin no justifica los medios. El fin comer no puede conseguirse a través de una siembra constante de venenos que da muerte a terceros. Las alianzas con la muerte -biocidas- pronto o tarde pasarán factura. Por el contrario, vida más vida, o mejor, vida por vida, es vida al cuadrado: es alimento sin suelos inertes, sin animales extinguiéndose, sin aguas enfermas y sin aires heridos.

 

La constructiva propuesta de la Agricultura Biológica anda abriéndose camino entre columnas de humo, incomprensión administrativa y tres himalayas de intereses creados. Por suerte ha comenzado a cundir el ejemplo. Estamos volviendo a mimar a nuestors suelos con abonos orgánicos, a aliarnos con la infinita creatividad de la naturaleza.

 

¡Todavía estamos a tiempo!

 

Joaquín Araújo
"Premio global 500". 1991

(Premio Nóbel Alternativo)